
Parcona se prepara para un nuevo inicio: un centro de salud que promete dignidad
En Parcona, donde cada calle guarda historias de esfuerzo y resiliencia, avanza la construcción de un nuevo centro de salud que podría significar algo más que infraestructura. Para más de 33 mil habitantes, esta obra representa la posibilidad de recibir atención médica oportuna, sin largos traslados ni esperas que desgastan la vida diaria.
La noticia oficial señala que el proyecto busca elevar la calidad de los servicios y reducir la brecha histórica en el acceso a salud. Sin embargo, detrás del lenguaje técnico late una verdad más profunda: cuando el Estado invierte en salud, invierte en la dignidad humana, en el derecho elemental de ser atendido con respeto y sin desigualdades.
Un avance necesario, pero no suficiente
La construcción del nuevo centro es una señal alentadora, pero también una invitación a la vigilancia ciudadana. Toda infraestructura sanitaria requiere más que cemento: necesita personal capacitado, gestión transparente y un compromiso genuino por parte de las autoridades para que funcione plenamente.
La filosofía nos recuerda que “lo esencial no es visible a los ojos”, y en este caso lo esencial será lo que ocurra dentro del edificio: la empatía del personal, la continuidad de los servicios, la calidad de los equipos y la capacidad real de aliviar el sufrimiento de la población.
Humanizar la obra pública
Hablar de un centro de salud es hablar de las madres que buscan un control prenatal digno, de los adultos mayores que ya no podrán esperar horas bajo el sol, y de los niños que merecen crecer con un sistema que los proteja. La infraestructura pública cobra sentido cuando se convierte en un puente entre la necesidad y la esperanza.
El reto, entonces, es que esta obra no sea solo un logro administrativo, sino un acto de justicia social. Que no se convierta en un monumento al olvido, sino en un espacio vivo donde la comunidad se sienta acompañada y respetada.
Mirar hacia adelante
Parcona no necesita discursos grandilocuentes; necesita resultados. Este proyecto puede convertirse en el punto de partida de un nuevo camino, donde la salud se entienda como un derecho real y no como una promesa pendiente.
Que este centro de salud no sea solo un edificio moderno, sino un símbolo de un Estado que empieza a mirar de frente a las personas que lo sostienen.
